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¿Por qué muchas personas no logran ser felices aunque tengan “todo”?
Introducción
Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre algo que puede parecerte extraño, pero que en realidad es profundamente importante para la vida de cualquier persona. Imagina a un conductor manejando un automóvil sin un destino claro, sin saber hacia dónde va y que simplemente avanza hacia donde avanzan los demás coches: si el tráfico gira a la derecha, gira a la derecha; si otros giran a la izquierda, también lo hace. No existe una decisión consciente. Solo sigue la corriente.
Ahora imagina que ese automóvil tiene varios problemas porque no ha recibido mantenimiento durante dos años: dos llantas están sumamente desgastadas, de manera que una de ellas, con un chipote lateral, podría reventar en cualquier momento; los limpiadores funcionan mal y es temporada de lluvias; el motor presenta fallas intermitentes… Aun así, el conductor continúa avanzando consciente de la problemática de su automóvil, pero sin medir las consecuencias que van a surgir en cualquier momento. Esta imagen representa con bastante claridad la forma en que muchas personas viven su vida. Quizá tú estés en una situación de alguna manera parecida.
Existe algo que considero fundamental: el rumbo más importante de cualquier ser humano es aprender a ser feliz, con lo que tiene en el momento que vive. No se trata de conformismo, sino de construir una relación interna de bienestar en tanto se avanza hacia nuevos objetivos. Sin embargo, la mayoría de las personas nunca incluye la felicidad como parte de su visión de vida, porque creen que llegará sola cuando tengan un buen trabajo, estabilidad económica, familia, casa o seguridad. Pero resulta que muchas veces cuando consiguen dinero, propiedades, estabilidad, familia valiosa, logros importantes… aun así sienten vacío interno, ansiedad o insatisfacción, y entonces descubren que la felicidad no aparece.
¿Por qué en ese momento automáticamente las personas no sienten que alcanzaron la felicidad? La respuesta es que nunca aprendieron a construirla internamente. Cuando una persona no se fija como propósito aprender a ser feliz, pierde el rumbo. Entonces vive como ese conductor que simplemente va siguiendo a los demás.
El rumbo más importante de cualquier ser humano es aprender a ser feliz. La felicidad no es una consecuencia automática de las circunstancias externas: es una habilidad interna con códigos propios que debe desarrollarse de manera consciente. Cuando la felicidad se convierte en una prioridad en la vida, ocurre algo muy interesante: no pelea con nada. No pelea con el estudio, con el trabajo, con la pareja, con la familia, con el ocio ni con las relaciones. Al contrario, cuando una persona integra la felicidad en cada una de sus experiencias, todo lo vive mejor: trabaja mejor; estudia mejor; ama mejor; disfruta mejor, y se relaciona mejor. La felicidad no compite con la vida: la potencia porque tiene códigos internos que no dependen de lo que se posee…
La felicidad no aparece por casualidad. Se construye mediante ciertas actitudes internas que pueden desarrollarse, entre ellas, por ejemplo:
Estos y otros elementos son habilidades emocionales que pueden aprenderse y fortalecerse. Cuando estos códigos no se desarrollan, la felicidad no es difícil… es prácticamente imposible.
Muchas personas expresan como propósito de vida tener trabajo, familia, ingresos o “una vida normal”, pero internamente sienten ansiedad, vacío, insatisfacción, cansancio emocional o sensación inconsciente de falta de sentido, porque no están atendiendo el propósito mayor de aprender a vivir con bienestar interno. Sin ese rumbo, la vida se vuelve automática.
El automóvil deteriorado de la metáfora representa todas las áreas importantes que no estamos atendiendo. Hoy vivimos en una sociedad llena de distracciones en forma de compras, entretenimiento constante, plataformas digitales, eventos deportivos, fiestas, redes sociales y consumo compulsivo…
Las distracciones no son malas por sí mismas, pero se convierten en un problema cuando ocupan el lugar de lo importante. Mientras la persona se distrae, descuida aspectos fundamentales: relación de pareja, comunicación, afecto, intimidad emocional y física, tiempo de calidad con los hijos, salud emocional y física, alimentación, ejercicio, finanzas, espiritualidad… Y lo más importante de todo: aprender a ser feliz o a sentir satisfacción por la vida. Todas esas áreas son como piezas del automóvil que necesitan mantenimiento.
Muchas personas llegan a consulta cuando la vida ya los obligó a detenerse por una crisis emocional intensa, un problema grave de salud, una ruptura de pareja, un divorcio, un conflicto familiar, un agotamiento profundo, un hijo con adicciones… Y entonces se preguntan: “¿Cómo llegué a este punto?”. La respuesta casi siempre es la misma: durante años no se atendieron señales importantes. Así como un automóvil puede avanzar durante mucho tiempo con fallas… hasta que algo se rompe, la vida también. Y nadie sabe cuándo ni cómo será ese momento.
Tomar conciencia de estar avanzando en la vida sin rumbo y sin atender lo importante no tiene como objetivo generar miedo, sino responsabilidad. Cada persona es responsable de revisar su rumbo y preguntarse: ¿Estoy aprendiendo a ser feliz?, ¿estoy cuidando mis relaciones?, ¿estoy atendiendo mi salud?, ¿estoy construyendo bienestar interno?… Todo esto puede resumirse en dos preguntas centrales:
Buscar apoyo profesional es una forma de mantenimiento emocional y una manera de detenerse a revisar el automóvil antes de que ocurra una falla mayor.
Si esta reflexión resuena contigo, puede ser un buen momento para detenerte, reflexionar y revisar las áreas importantes de tu vida. Tal vez te des cuenta de que revisar el rumbo hoy puede evitar consecuencias mayores mañana. La conciencia es el primer paso para la transformación.
